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28 marzo 2011

"Los teatristas utilizamos la palabra para contribuir a encontrar las contradicciones"

Luisa Cruz y Edgar Valeriano, miembros del Grupo Teatral Bambú (GTB), responden algunas preguntas con motivo del XXI Festival Intenacional de las Artes Escénicas Bambú 2011 que del 28 de marzo al 2 de abril se realiza en la capital de Honduras. Una fiesta cultural que se desarrollará en un ambiente de conflicto por las protestas magisteriales y la represión policial por parte del Gobierno.

-Carlos Rodríguez
"No somos de la idea que el gobierno nos deba dar todo lo que se necesita, pues no tenemos inclinaciones parasitarias, sino por el contrario, pensamos que eso limitaría nuestra independencia y libertad para seleccionar y programar lo que nuestro buen entender nos indica". 
"El teatro puede ser para todos los públicos, para todos los gustos y puede llevar consigo cualquier propósito, desde favorecer que las cosas queden siempre como están, o que las personas puedan reflexionar sobre sí mismos o la sociedad".
"El gobierno gasta enormes cantidades de dinero en seguridad y defensa, ¡sólo compare estas cifras contra el presupuesto de la Secretaría de Cultura! Y observemos también que el presupuesto de Educación ha sido 'congelado', lo que significa que entre el año anterior y éste, no hay crecimiento, aunque la población escolar crezca constantemente".

Integrantes de Grupo Teatral Bambú. Foto facilitada por GTB.

El primer festival para inaugurar la tercera década de este evento ofrece un programa abundante con teatro, música, cuentacuentos, magia, etc. ¿Piensan mantener esta línea que brinda posibilidades de entretenimiento a toda la familia?

-Claro, siempre ha sido nuestro interés el poder brindar buenas opciones para todos los gustos y para todas las edades. Aparte de ofrecer arte de calidad a nuestro público infantil, juvenil y adulto, ello nos permite unir al gremio artístico en general en un evento grandioso. En otras palabras, el festival se convierte en un espacio de encuentro para teatristas, mimos, fotógrafos, magos, titiriteros, músicos de diversos géneros, narradores orales, y en muchas otras ocasiones, hemos reunido también a bailarines, escritores, caricaturistas, etc.

¿Cuál sería el ambiente ideal para que el Festival goce de mayor éxito e incidencia?

El ambiente ideal sería el que contara con buenos subsidios de organismos nacionales e internacionales; que contáramos con el interés y el respaldo del público (pues no hacemos nada sólo con el subsidio, necesitamos que el público aprecie los espectáculos); que tuviéramos una buena difusión por parte de los medios de comunicación y el apoyo de los gobiernos en materia de infraestructura y educación de las artes. A los organizadores nos toca preparar el mejor festival posible, con la mejor oferta artística, con los mejores precios que el público pueda pagar, conforme a nuestros ingresos promedios (ya sabemos que la mayoría de las personas somos de escasos recursos, por eso procuramos en cada edición regalar entradas a niños de escuelas públicas).

Pero, para que el público tenga interés, se necesitan años de trabajo, constancia y tesón, movilizarnos para que los medios conozcan de nuestro evento, darnos a conocer e ir creando la credibilidad entre públicos y artistas, nacionales y extranjeros.

No somos de la idea que el gobierno nos deba dar todo lo que se necesita, pues no tenemos inclinaciones parasitarias, sino por el contrario, pensamos que eso limitaría nuestra independencia y libertad para seleccionar y programar lo que nuestro buen entender nos indica.

En otros países, aquí cerca, en Costa Rica, el mayor festival de la región lo organiza y costea, cada dos años, el Estado (Festival Internacional de las Artes); pagan buenos honorarios y atraen a los mejores grupos artísticos del mundo, y su pueblo puede acceder a lo mejor. En Bogotá, Colombia, se organiza uno de los Festivales de Teatro más grandes del mundo (Festival Iberoamericano de Teatro), y es un verdadero regalo a su pueblo. Estos pueblos han avanzado en su aprecio por las artes a la par de la educación de las artes, tanto estatal como privada. A ver cuándo nuestros gobiernos vuelven su mirada al arte, pues podría significar la diferencia entre la cultura de la violencia, y la cultura de los valores humanos, la paz y la convivencia.

¿Es necesaria alguna cuota de idealismo para desarrollar un proyecto de esta clase?

¡Ciertamente! Sólo los idealistas, los que hacemos esto por el amor que le tenemos a las artes y lo que ellas significan para las personas, somos capaces de emprender una aventura de estas cada año, trayendo muchos grupos de fuera del país y nacionales, ofreciendo 24 funciones de diversas artes en 6 días, ¡sin estar seguros que la taquilla cubrirá los costos que no salen de los patrocinios!

Pero la satisfacción que nos producen las expresiones espontáneas de los artistas invitados, del público, de docentes y estudiantes, agradeciendo por brindarles la oportunidad de compartir estas experiencias maravillosas, nos mueven a seguir en esta tarea, trabajosa, pero que tanto disfrutamos.

¿Hay momentos de decepción? ¿Cómo lo superan?

A veces nos ha ocurrido que algún grupo invitado no pueda viajar a última hora, teniendo ya impreso el programa de mano; o algún público concertado no llega a la función. Alguna que otra vez las funciones no han comenzado a la hora programada, por cuestiones técnicas. Pero lo peor ha sido que varios años hemos estado nerviosos en extremo, pensando si “ajustaremos” pagar las cuentas. ¿Cómo lo hemos superado? En colectivo, todos los miembros de Bambú, muy unidos, viendo cómo resolver. Buscar otros públicos gratuitos, sacados de entre el banco de contactos; suplir nosotros como Teatro Bambú la función programada, economizando al máximo… en fin, para eso somos artistas, ¡para suplir con creatividad las carencias de tener los recursos económicos en la raya!

¿Los medios de comunicación en Honduras cumplen o aún se quedan cortos en la difusión de la oferta cultural en Honduras?

Creemos que, en general, se ha mejorado la difusión de la oferta cultural del país, pero debería haber un crecimiento en torno al fondo de esta función de los medios.

A veces no sólo se trata de difundir la oferta cultural del país, sino que se haga en el momento oportuno y que la información contenga criterio objetivo. Por ejemplo, ¿para qué dar a conocer un evento que ya ocurrió? Muchas veces esto desilusiona a los lectores que consumen productos artísticos, y no vemos en ello más que una utilidad social, o histórica. Nos preguntamos, ¿bastará divulgar la actividad artística, sin referente de su contenido, o al menos, de su calidad? Qué importante es cuando la prensa tiene personal especializado para brindar una crítica de los espectáculos, pues eso sirve de medidor tanto para los artistas, como para los espectadores.

Observamos cómo los medios de comunicación tienen especialistas en materia económica, judicial, policial, deportiva, social, etc., sin embargo, no cuentan con especialistas en materia de arte.

¿Qué piensan acerca de que "la cultura no vende"?

Esa afirmación muestra una falta de conocimiento. El término cultura es amplio, tan amplio como es la diversidad social y la riqueza natural de un país. El término mismo proviene de “cultivar”, refiriéndose a que todos los seres humanos, como seres sociales, aprendemos todo cuanto somos, de los demás. La cultura abarca todas las manifestaciones artísticas, religiosas, las creencias, costumbres y tradiciones, la producción artesanal e industrial, la gastronomía, las etnias, los avances científicos y tecnológicos, el idioma, los dialectos, los giros lingüísticos, los medios de comunicación, los sistemas de derecho, y bueno, sería demasiado larga la lista.

Si fuera cierta la afirmación “la cultura no vende”, entonces nadie se interesaría en consumir nuestros productos agrícolas y ganaderos, ni nuestras tortillas, carne asada o pescado frito, objetos religiosos, sombreros de junco, artesanía lenca, cuadros de nuestros pintores, ni ropas confeccionadas por nuestras modistas; tampoco quisiéramos asistir a los conciertos de nuestros músicos o a las obras de teatro o danza nacionales, ni nos interesaría visitar nuestras playas, aguas termales, bosques, ríos, parques, aldeas, pueblos o ciudades, o conocer de las culturas vivas, como son los Pech, los Lencas, Misquitos, Garífunas, etc., etc. Tampoco le interesaría nada de esto a los extranjeros, y por ende, no tendríamos nada que ofrecer al viajante. Honestamente, equivaldría a un país de muertos.

No es que la cultura venda o no venda, simplemente es que la cultura hondureña somos todos; es todo lo que somos capaces de crear, inventar, producir, fabricar, intercambiar, valorar, socializar, etc. Si nuestra cultura es grande, ello es proporcionalmente equivalente a que todos creamos en ella, nos identifiquemos con ella, la hagamos crecer, y esa es una labor que nos compete a todos, y los medios de comunicación juegan un importante papel, ya sea para engrandecerla, invisibilizarla, o en el peor de los casos, minimizarla.

El arte es uno de los referentes más valiosos dentro de la cultura de un país. El arte y el aprecio que la sociedad tenga de sus expresiones artísticas, es el mejor termómetro para medir los avances de la cultura de una sociedad. Quizá los medios de comunicación se pudieran plantear esto como un reto, pues es a ellos a quienes compete divulgar el hecho artístico y su importancia social, en tanto a nosotros los artistas nos compete trabajar por crear un producto cada vez más acabado y conforme a las necesidades y exigencias del público.

¿Puede la cultura ser una herramienta para el desarrollo social y económico de una nación como Honduras?

No nos cabe la menor duda. El arte es un reflejo de la sociedad, hace la función de un espejo, en donde reconocer nuestros errores, vicios, debilidades y virtudes; nos puede ayudar a tomar las mejores decisiones personales y colectivas; nos ayuda a crear conciencia sobre cualquier tema (el machismo, el deterioro del medio ambiente, las relaciones humanas, la educación; la lista es interminable). Es notorio, en comunidades en donde el arte se establece como una actividad prioritaria del gobierno local, que la ciudadanía es más feliz, y el grado de desarrollo cultural es más sólido.

No son buenas las comparaciones en muchos casos, pero sí puede servir como referente, el hecho, por ejemplo, que en la ciudad de Caracas comenzó hace más de 35 años un proyecto que involucra a los niños más pobres en Orquestas Infantiles (ahora ha adquirido carácter nacional: Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, hoy atienden 350,000 niños y jóvenes). Es hermoso ver bajar a esos chiquitos, con su instrumento musical al hombro, por cuestas azarosas de barrios paupérrimos, y ver cómo se le puede cambiar la vida a un ser humano a través de las artes. De esa orquesta han salido ahora grandes músicos ejecutantes y directores, que en lugar de tener a la pandilla como su ejemplo a seguir, tienen a la música, que eleva la belleza sonora hasta momentos inimaginables, y consiguen contratos que les pagan muy bien por sus talentos. En el alma de ese niño no podría anidar el mal cuando el arte ha ocupado su lugar, pues el arte sólo puede aspirar a la belleza.

En cambio, ¿cuántas escuelas de arte tenemos en el país? Pocas. El arte que hacemos en el país, en su mayoría es arte espontáneo, intuitivo; pocas personas hemos tenido oportunidad de estudiar el arte como una profesión. Se imagina si en los barrios conflictivos, ¿en lugar de que la oscuridad y el crimen fueran el referente de la noche, lo fueran las escuelas de baile, de pintura, de teatro, de poesía? ¿Cuántas personas podrían convertirse en seres verdaderamente útiles a la sociedad? Creemos que los jóvenes, con la energía, el entusiasmo y su potencial creador bien orientados, pudieran incluso convertirse en los líderes de sus comunidades, en el buen y positivo sentido de la palabra. Eso podría contribuir al desarrollo social, económico, humano y cultural de cualquier sociedad. Además no lo inventamos nosotros, los sociólogos, pedagogos, antropólogos y otros estudiosos lo han investigado y afirmado antes.

¿Es el teatro subversivo?

Subversivo, es decir para ¿“subvertir el orden”? Pues, indudablemente que sí puede serlo, como el que usaron muchos latinoamericanos durante las dictaduras militares de los años 50s-80s, cuando el teatro fue utilizado para comunicar lo que se consideraba prohibido hablar. Por el contrario, podría ser alienante, es decir, que enajene la mente de los espectadores (aquí podríamos ubicar a la llamada “comedia ligera”, aunque no se debe etiquetar de esa manera). Hay también teatro popular, que contiene un lenguaje directo y de fácil comprensión, para proveer información precisa sobre cualquier tema de interés a la población. O teatro académico, de una creación elevada (como el teatro clásico griego, por ejemplo).

Es decir, el teatro puede ser para todos los públicos, para todos los gustos y puede llevar consigo cualquier propósito, desde favorecer que las cosas queden siempre como están, o que las personas puedan reflexionar sobre sí mismos o la sociedad. Así como hay pinturas puramente decorativas, hay pinturas que denuncian, gritan, claman por justicia, por paz, o aspiran a que veamos en las infinitas arrugas de un rostro envejecido, la verdadera belleza del alma. En fin, el arte, y por ende el teatro, es canal de expresión de los seres humano. Por eso muchos artistas, por lo general personas muy sensibles al dolor humano, somos incomprendidos, pues quisiéramos ver un mundo más justo, menos contaminado, más equilibrado, y lo queremos ¡ya!, lo que es pedir demasiado, por lo que se ve.

¿Que comentario merece este párrafo del Mensaje del Día Mundial del Teatro 2011 pronunciado por Jessica A. Kaahwa?: "Es entonces una farsa mantenerse en silencio en tiempos como los nuestros, conociendo el poder del teatro, y dejar que portadores de armas y disparadores de bombas sean los guardianes de la paz de nuestro mundo. ¿Cómo pueden herramientas de alienación ser también instrumentos de paz y reconciliación?"

Coincidimos plenamente con la teatrista Kaahwa. Como señalamos antes, el arte, el teatro sólo puede aspirar a la belleza, y la belleza se contradice en cualquier expresión de violencia, de muerte, de represión, de marginación, de exclusión de otros seres humanos. Sin duda que con quienes más podríamos tener encontronazos los artistas, es con los políticos del mundo, que no siempre responden a las necesidades de los pueblos y de los tiempos, y que utilizan la palabra para destruir o para justificar la destrucción. Los teatristas, en cambio, utilizamos la palabra para edificar, para contribuir a encontrar las contradicciones y para que la gente, luego de presenciar, por ejemplo, “Hamlet” de Shakespeare, pueda encontrar su propia debilidad en un equivocado afán de venganza.

En su discurso la dramaturga de Uganda también expresa: "Mientras las Naciones Unidas gasta sumas colosales en misiones de paz en todo el mundo con el uso de armas, el teatro es una alternativa espontánea, humana, menos costosa y mucho más poderosa". Parodiando este fragmento, ¿podríamos decir que en Honduras el gobierno invierte más dinero en armas y sostenimiento de un aparato policial represor cuando la violencia podría combatirse desde alternativas como el teatro? ¿La situación del país podría ser diferente si apostáramos a la cultura como alternativa de desarrollo?

Nos encanta su pregunta, y no tenemos ninguna duda que el teatro puede cambiar a los seres humanos que lo practicamos, y puede sensibilizar a quienes lo aprecien. Sin duda alguna que el gobierno gasta enormes cantidades de dinero en seguridad y defensa, ¡sólo compare estas cifras contra el presupuesto de la Secretaría de Cultura! Y observemos también que el presupuesto de Educación ha sido “congelado”, lo que significa que entre el año anterior y éste, no hay crecimiento, aunque la población escolar crezca constantemente.
Si pudiéramos cambiar las armas por pinceles o guitarras, el ocio por clases de actuación o danza, los estancos por escenarios para las artes, ¡nuestra juventud encontraría tantas oportunidades!

La cultura no crece, no se desarrolla ni fortalece por sí: son las políticas de Estado las que deben procurarlo, involucrando a todos los sectores que podamos hacer posible el cambio favorable para todos y todas. El día que nos tomen la palabra las personas que toman grandes decisiones en el país, estamos seguros que no serán defraudados.

San Pedro Sula, 28 de marzo de 2011.
Entrevista abreviada publicada en diario La Prensa.

12 abril 2010

Entrevista a Edgar Valeriano (Teatro Bambú)

Afiche del festival 2010 en http://gtbambu.blogspot.com


El Grupo Teatral Bambú (GTB) celebra este año la XX edición del Festival Internacional de las Artes Escénicas. Comenzará hoy 12 de abril en el Teatro Manuel Bonilla. Aprovechamos la ocasión para hacerle algunas preguntas a Edgar Valeriano, miembro fundador del GTB. Para ver el calendario e información acerca de los artistas y grupos participantes ingrese al blog de Bambú.



¿Está satisfecho Bambú con lo que ha logrado hasta 2010 con este festival o sueña con algo más?

Estamos satisfechos de cumplir 20 años casi con el mismo elenco. Estamos satisfechos de ser una familia, la familia bambusina. Estamos satisfechos de haber realizado 20 ediciones del Festival Bambú. Estamos satisfechos de habernos presentado en los 18 departamentos de nuestro país y representar a Honduras en 12 naciones, pero aquí no terminan nuestros sueños, porque logramos unos y surgen otros. Siempre soñamos con una Honduras mejor, una Honduras más justa, una Honduras con un Sol que nos ilumine a todos. Nuestros sueños nunca acabarán.

¿Cómo ha sido el camino durante los años pasados a esta veinte edición?

Como todos los caminos del arte en Honduras: duro, ¡pero gratificante! El Festival Bambú ya se ha convertido en una tradición en Tegucigalpa, y gran cantidad de amigos dentro y fuera del país están pendientes de su realización. Después de tantas ediciones tenemos el orgullo de decir que los artistas, los organismos internacionales y los cooperantes creen en el Grupo Teatral Bambú, y por eso le apuestan a esta iniciativa privada. Eso nos llena de satisfacción. Quisiéramos decir que hemos tenido en ediciones anteriores el apoyo gubernamental, pero eso fluctúa según cada administración..

¿Cuáles son los principales desafíos para mantener durante dos décadas un festival como Bambú?

Conseguir recursos. El arte no es una actividad lucrativa. Si no tuviéramos subvenciones y patrocinadores el festival no saldría nunca por taquilla o tendríamos que cobrar las entradas a un costo muy alto, aunque dudo que eso lo cubra, e impediría el acceso a la mayor cantidad de público al que van dirigidos los espectáculos. El equipo organizador es otro factor clave. Dentro del GTB contamos con 9 miembros que entregamos todo para que no falte nada. Al comité auxiliar integrado por artistas especializados en distintas áreas se une otro equipo formado por voluntarios universitarios y amantes del arte. Sin estas personas sería imposible sostener el festival, pues hay demasiadas labores que no podríamos realizar sólo los organizadores. Otro desafío es que llegue público a las salas, y además, el público apropiado, no se puede presentar un espectáculo destinado para adultos, a niños, por ejemplo. Otra de las cosas más delicadas es la selección de los grupos y artistas participantes, porque deseamos ofrecer al público espectáculos de calidad.

A partir de la XI edición el festival, antes denominado artístico, cambia a Festival Centroamericano y luego a Festival Internacional de las Artes Escénicas, ¿qué nuevos objetivos y expectativas motivaron este salto a Internacional?

El primer festival surge con el entusiasmo de celebrar nuestro primer aniversario y lo organizamos en el antiguo Paraninfo Universitario, donde presentamos las obras montadas el año anterior y nos acompañaron otros grupos de Tegucigalpa. La experiencia de intercambio con otras agrupaciones nos enriqueció y desarrollamos tres ediciones más en la aún recordada “Peña de Toño”, que casi era nuestra sede. En 1995 realizamos por primera vez el festival a nivel nacional y también por primera vez en el Teatro Nacional Manuel Bonilla.
El siguiente peldaño fue Centroamérica. Con cada edición conquistamos nuevos espacios y aliados en países fuera de la región. Ahora el festival goza de credibilidad y convocatoria extraordinaria y es por eso para esta edición recibimos grupos de norte, centro y sur América, Europa y por primera vez de Asia. Ha sido un proceso difícil y lento, pero gratificante al lograr los objetivos propuestos. Y algo muy importante es que cada festival se convierte en un ensayo general de la próxima edición.

¿Qué tanto cuesta montar un evento de esta clase? Tanto la inversión de fuerza humana como económica.

Es un trabajo arduo. Muchas veces nos hemos cuestionado si realmente vale la pena hacerlo, porque cada año las cosas se dificultan más. Pero cuando nos detenemos a observar el trabajo realizado decimos qué hermoso es lo que hacemos, una labor digna, llena de calidad humana. El trabajo de nosotros los artistas es en función de los demás, y eso es maravilloso. Entonces no importa cuánto tengamos que trabajar e invertir, seguiremos haciendo teatro, seguiremos registrando nuestra historia, seguiremos creyendo que el arte puede salvar a la humanidad.

En la Costa Norte hay grupos como La Fragua y Proyecto Teatral Futuro que, a mi gusto, representan lo mejor de las artes escénicas en esta zona. ¿No sería conveniente que tuvieran un espacio constante en el festival? Por cierto, La Fragua presentó El Montaplatos de Harold Pinter en la edición 2009.

Los de La Fragua son nuestros hermanos mayores con quienes hemos compartido escenario: ellos vienen al Festival Bambú y nosotros vamos a su “Temporada de Expresión Artística”. El año pasado clausuraron el festival con la obra “El Montaplatos”. Para esta edición desafortunadamente no nos pudieron acompañar, pero sí algunos de sus integrantes estarán presenciando los espectáculos.
Proyecto Teatral Futuro también ha sido parte de la historia del Festival Bambú. Su primera participación fue con “El juicio” de Jaime Alberdi. En 1998, por primera y única el festival tuvo dos sedes: Tegucigalpa y San Pedro Sula. En esta última ciudad el festival, que dedicamos al maestro Francisco Saybe, lo organizaron los amigos de Futuro. La última vez que los recibimos fue con “Sara y los Títeres” de Damario Reyes. Ambos grupos son muy representativos en el movimiento teatral hondureño y siempre que coincidamos en tiempo será un placer atenderles en nuestras fronteras capitalinas.

¿Qué hace falta para que instituciones como COMHTE se conviertan en base fundamental para el real desarrollo del teatro en Honduras?

Sobre la Comunidad Hondureña de Teatristas (COMHTE), de la que el Grupo Teatral Bambú es miembro y yo directivo, necesitaríamos otra entrevista para hablar sobre ella. Así que estamos pendientes por el otro espacio que nos brindará.

Con la reducción del presupuesto a la Secretaría de Cultura se debilita la inversión y apoyo a las manifestaciones culturales desde el Estado (entre ellas el teatro), ¿qué estrategias podrían seguir los grupos de teatro para mantenerse en una sociedad donde esta actividad aún es vista con recelo?

Las manifestaciones artísticas y culturales de mi país no se debilitan en ningún momento por la reducción del presupuesto de la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes (SCAD), ya que no posee una política cultural establecida y los artistas nunca ven beneficios, porque ese presupuesto se va casi todo en salarios del personal.
Las actividades artísticas más importantes del país son iniciativas independientes. No contamos con festivales organizados por el Estado, no tenemos una compañía nacional de danza o de teatro. Y para no irnos tan largo, para este festival, un evento sin precedentes, tres continentes participando y artistas donando su trabajo a la población hondureña, (porque ninguno de los invitados cobra por presentarse), el Ministro de Cultura no se dignó a recibirnos y de remate nos suspendieron la exoneración que gozábamos por usar el Teatro Nacional Manuel Bonilla y se nos informó que debíamos pagar el 50% de alquiler. No tenemos apoyo del Estado, pero eso no nos debilita. Al contrario, nos fortale y obliga a trabajar más, sin descanso, para demostrar que las artes escénicas son una herramienta poderosa para generar cambios en nuestra sociedad.
Los artistas debemos seguir trabajando comprometidos con nuestro oficio, respetando nuestra profesión, porque siempre el trabajo será nuestro mejor escudo para salir adelante.

¿Qué instituciones apoyan este año el proyecto del Festival?

Tenemos una subvención importante del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), ambas del Reino de España; aparte de dicha subvención, hacen realidad la presencia de el Teatro Micomicón y el Teatre de l’Home Dibuixat. Contamos con patrocinio de la Embajada de Colombia en Honduras, quienes colaboran para que el Teatro Matacandelas de Medellín, uno de los grupos emblemáticos de esa nación, estén en el Festival. La Universidad Nacional Autónoma de Honduras nos patrocina, como lo ha hecho en los pasados dos años, el Concierto al Aire Libre del jueves 15 de abril en el Anfiteatro de Ciudad Universitaria, gracias a nuestra alianza con la Escuela de Artes y su Facultad de Humanidades y Artes. La UNAH además nos facilita el Teatro Padre Trino y del Teatro Francisco Salvador. Por otra parte, se une como patrocinador de la XX edición el Programa Conjunto Creatividad e Identidad Cultural del PNUD. Y no menos valiosa es la contribución del Teatro Renacimiento en Plaza Millenium y el Museo para la Identidad Nacional.
No podemos dejar de mencionar el aporte de empresas privadas como el Hotel MacArthur, Conceptos Litho-Tec y Expresarte.